
Hablamos con el autor de Futbolistas de izquierdas
(Ed. Leeme), Quique Peinado, quien nos enseña historias de compromiso y
valentía de jugadores que en tiempos de éxito se atrevieron a
posicionarse y a romper con el dogma de que fútbol y política no se
pueden mezclar. Este periodista y barrionalista
vallecano aborda en 234 páginas relatos y anécdotas de futbolistas que
con sus gestos también rompieron aquella idea de que el deporte rey sólo
puede ser pan y circo.
Un ejemplo es
Pahíño, jugador gallego profesional entre 1943 y 1957, amante de la
literatura rusa y que se atrevió a reírse del militar franquista que en
1948, en Zürich, en el estadio del Grasshopper, les pedía como jugadores
de la selección española “cojones y valentía”. Era su primer partido
como internacional, y a pesar de su altísimo nivel de juego, sólo
disputaría dos partidos más con esta selección. Vetado por ser de
izquierdas y enamorado de Tolstoi y Dostoievski, fue un héroe de su
época.
Otro caso de osadía fue el de
Sergio Manzanera y Aitor Aguirre, jugadores del Racing de Santander, que
el domingo 26 de septiembre de 1975 saltaron al terreno de juego con
cinta negra de botas en el brazo por los últimos fusilamientos del
franquismo. Los grises llenaron el vestuario en el descanso y obligaron a
estos dos bravos jugadores a quitarse su brazalete casero. Fueron
multados y amenazados por la ultraderecha. Rescatar esta y otras muchas
historias vale la pena. Sobre fútbol, política y periodismo hablamos con
Quique Peinado.
¿Cómo surge la idea de llevar adelante este libro?
Hay una revelación que fue cuando leí un reportaje de Enric González
sobre Cristiano Lucarelli (jugador italiano del Livorno, famoso por
renunciar a parte de su salario por jugar en su equipo de toda la vida y
por su ideología comunista). Me gustó mucho esa historia y tuve la
sensación de que ahí había un libro porque debía haber más historias
semejantes sobre futbolistas de izquierdas. Lo que sí fue un proceso
largo fue investigar, saber de esos jugadores, documentarlo, contactar
con ellos, y eso me llevó más de un año y medio.
¿Por qué decides hablar de estos jugadores y no de otros? ¿Qué es lo que marca tu apuesta por la temática del libro?
Yo soy de izquierdas, no es nada secreto. Imagino que como soy de
Vallecas pues estas dos pasiones se unen: el fútbol, porque me gusta
este deporte, fui periodista deportivo, y porque existe el Rayo
Vallecano, que es mi equipo y mi pasión. Siempre me interesó el
periodismo deportivo que va un poco más allá del puro juego, que detesto
un poco, me gusta todo lo social que rodea al deporte.
Escogí la etiqueta izquierdas
en un sentido muy amplio: desde gente del PSOE, maoístas, anarquistas,
porque si me ceñía mucho, igual no había libro. Tomé mis decisiones e
historias que no me gustaban no las escribía, y también decidí no
escribir historias de la guerra civil porque, excepto en casos muy
concretos, en mi opinión determinar si uno estuvo en un bando o en otro
por cuestiones ideológicas no era tan sencillo. Como no soy historiador y
no me veía con esa capacidad de encontrar verdades, porque la mayoría
de esos protagonistas están muertos y no les puedes preguntar a ellos.
En tu libro tiene un papel muy destacable la dictadura argentina y cómo
se utilizó el fútbol como narcótico para esa sociedad. ¿Cómo fue el
acercamiento a esa parte de la historia reciente del fútbol
latinoamericano?
Del Mundial
del 78 hay mucha gente viva, y protagonistas que sí que lo vivieron. El
periodismo argentino hizo un muy buen trabajo, así que fue para mí muy
importante tratar este acontecimiento deportivo, y como con el paso del
tiempo se hizo autocrítica de lo que allí sucedió, bajo la dictadura de
Videla, y todas las contradicciones que tuvieron tanto los futbolistas
protagonistas como hasta forajidos de la dictadura, que querían ver
ganar su selección, más allá de lo que representara en ese momento.
Intentas también esclarecer cuánto hay de fábula en muchas de estas
historias futbolísticas, cuánto hay de construcción, en un trabajo de
búsqueda de diversas fuentes, y hablar con los testigos de la época...
No me gustan los mitos, no soy nada mitómano, porque creo que detrás de
esas construcciones se esconden muchas mentiras. Mi pequeña labor era
no construir mitos donde no los había ni tratar a los personajes con un
cariño desmedido, porque no quería poner un filtro excesivo en el
enfoque. No pretendía ser neutral, porque no se debe ni se puede ser
neutral, pero sí quería ser escéptico.
Otro grupo que ocupa buena parte de tu proyecto son los jugadores
vascos. ¿A qué se debe esa predilección? ¿Son los que más se han
significado en el Estado?
Son
el colectivo más numeroso que se ha pronunciado políticamente y de
manera más clara sobre temas como la autodeterminación, los presos
políticos, y con los que más he conversado. Yo tengo mucha simpatía
personal por esa zona y siempre me interesó mucho todo lo que allí
aconteciera. Creo que cualquiera, aunque no tuviera esta pasión,
llegaría a la misma conclusión.
También Galicia tiene dos protagonistas: Nacho y Pahiño...
Sí, Nacho no quiso hablar. Contacté con él a través de la gente de
Siareiras Galegas, que es el colectivo que reivindica las selecciones
nacionales. Me pareció bien porque después de tantos años y toda la
construcción que había hecho el periodismo deportivo, él nunca quiso
hablar de la polémica sobre si había renunciado a la selección española.
Nacho también fue víctima de una guerra que había en el periodismo
deportivo contra Javier Clemente. Él no renunció a la selección, porque
no tuvo esa posibilidad de ser convocado. Otra cosa es que seguramente
sí que renunciaría en caso de que lo hubieran llamado.
El caso de Pahíño es el de un héroe. Llegué a hablar con él, pero ya
era muy mayor y fue una entrevista telefónica. Pensaba, leía y quería
ser mucho más en una época en la que el deber era no leer, no pensar, y
no actuar. Él tampoco fue alguien que hiciera una protesta consciente
contra el fascismo, pero actuó como cualquier persona inteligente,
riéndose de un militar que entró en el vestuario a darles una arenga.
¿Cuál es tu personaje favorito de Futbolistas de izquierdas?
Mi jugador favorito es Sócrates, por su discurso intelectual, su
estética, su manera de jugar al fútbol y aprender de él. Me parece un
jugador que estuvo muy por encima del resto, y debería estar en otra
escala. Debería ser considerado parte de los intelectuales, porque tenía
pensamientos verdaderamente profundos sobre la naturaleza del fútbol y
de la vida. Él entendía el fútbol como un arte, y lo consideraba como
una excusa para otras cosas. Yo en los tiempos actuales considero que el
fútbol es mucho más prosaico de lo que nos quieren vender.
En el Mundial de México cuando a España le roban un gol fantasma de
Michel contra su selección, Sócrates hace unas declaraciones en las que
manifiesta que fue un robo, porque a la FIFA le interesa que la final
sea Brasil-Mexico, y que su propia selección reconocía que la favorecían
los árbitros. Es de una grandeza brutal. Sócrates consideraba el fútbol
como un camino y no como un fin.
Entonces, desde tu experiencia, ¿por qué no se apuesta por otro tipo de periodismo en el mundo del deporte?
Si quieres hacer determinado periodismo deportivo, es muy complicado
pagar el alquiler. Muchos periodistas deportivos, que tienen talento y
que les gustaría hacer otra cosa, se encuentran con que lo que vende es
otra cosa, o eso es lo que dicen. Yo no tengo muy claro que el
periodismo deportivo mayoritario es lo que quiere la gente, pero por
ahora son esos posicionamientos los que tienen el mercado. Los que
apostamos por otra cosa estamos condenado a trabajar en otros campos, y
tener el periodismo más como un hobby, o algo que complementa.
¿A qué crees que se debe ese dogma tan extendido de que fútbol y política no se deben mezclar?
Sólo pasa con el fútbol, pero esto no sucede por ejemplo cuando subes a
un taxi. Ahí te sueltan un lío tremendo sobre política que no lo puedes
creer. En el fútbol nadie se queja de que estén llenos de políticos los
palcos, que tengan tratos con las autoridades desde las directivas para
que les recalifiquen los terrenos, de que a los clubes les perdonen
cientos de millones de euros de deudas, y nadie va a hacer escraches a
estas sedes, que es lo que debería suceder. Sí que está muy mal, dicen,
que se mezcle fútbol y política, que los jugadores o las aficiones
hablen de política. Es una diatriba que no se entiende, si no fuera
porque la mayoría de la gente que reclama que no se mezcle fútbol y
política es de derechas. De esto tengo constancia por la
retroalimentación de mi libro, y lo que quieren decir es que no hay que
mezclar el libro con la política que a ellos no les interesa.
Un 1 por ciento de lo recaudado va para Contraminate, la red de colectivos contra la minería salvaje en Galicia. ¿Cómo decides apoyar esta causa?
La editorial da un 1% siempre a una asociación, organización o proyecto
por cada libro. A raíz del libro me enteré de lo que estaba sucediendo
en Galicia. La correctora del libro está en esta asociación, y yo lo
supe a posteriori, y estoy al 100%, me parece una causa justísima. Puede
que las autoridades y administraciones de aquí no quieran frenar estos
proyectos, pero creo que en Europa no autorizarán estos planes, porque
no tiene ningún sentido y es la deshumanización hacia donde nos quieren
conducir.