FúTBOL INTERNACIONAL
Del futbol y del deporte en general,te dicen poco y mal.Te mienten,porque se mueve tanta guita,que la corrupcion es la reina.Vamos a intentar contartelo...
domingo, 9 de julio de 2017
LO FICHO LA POLI
sábado, 8 de julio de 2017
Los Jaguares argentinos vapulearon a los Warathas australianos por 40-27
La
franquicia argentina derrotó categóricamente de visitante al elenco
local y así sumó su sexto triunfo en el torneo Súper Rugby, que agrupa a
los clubes del hemisferio Sur y de Japón. Primera vez que ganan en
Australia.
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Ponzio, un superhéroe con una banda en el pecho
Leonardo Ponzio es un referente de River.
Si el Millonario se posicionó como un equipo copero, en gran medida se debe a su Capitán. El caudillo, la bandera de un plantel que va por la Libertadores.
El spot dura 27 segundos y apunta a la
intimidación. Tiene algo de Rocky, algo de clásico ganado a los 48
minutos del segundo tiempo tras un partido en el que nada salió. Lo
primero que se ve es un plano cerrado: hay una vereda rota, un charco.
De repente, dos zapatillas lo pisan: bajo los efectos de una música
épica y combativa, un hombre –buzo negro, capucha negra– está trotando
alrededor del Monumental. La cámara se aleja, lo mira como si lo
persiguiera, desde atrás. El hombre acelera, encara hacia el Puente
Ángel Labruna. Sube. Cuando se frena, la cámara ya lo espera de frente.
El hombre se saca la capucha, se descubre. Leonardo Ponzio mira a los ojos de millones de hinchas mientras a su derecha se forma una palabra poderosa: “Volvimos”.
Era agosto de 2012, y al otro día de que se conociera el video, al
fotógrafo y al productor que lo habían ideado por el regreso de River a
Primera les llegó un mail. “Quiero agradecerles que me hicieron entrar en la historia grande de River”,
les escribió Ponzio. Está claro que el 5 no había entrado todavía en
ningún lado, pero en el correo estaba el futuro, el cenit, lo que él
siempre soñó. Ponzio quería entrar en la historia grande de River.
Ponzio insistió. Ponzio lo logró.
Olvidando los dos fracasos en el Zaragoza de España
En cada apellido se resumen los efectos de una época, y mientras el
de Francescoli, por ejemplo, activa la de la elegancia y el champán, en
Ponzio se concentran la supervivencia y la transformación. Si antes River
tenía cracks, ahora tiene un padre, un encargado, un tutor. Los equipos
del Gallardo entrenador ya no son los equipos del Gallardo jugador,
aquellos River dados a la poesía que sólo ganaban si ocurrían el arte,
la belleza y la inspiración. “En los partidos con Boca –le dijo el
técnico al periodista Christian Leblebidjian en el libro El pizarrón de Gallardo, refiriéndose a la serie de la Libertadores 2015– se empezó a forjar un equipo más agresivo, con presencia”.Digamos: el segundo nacimiento del campeón. Un equipo que entonces prescindió de Pisculichi porque andaba medio flojo y cuyo reemplazante fue quien abrió el cofre de los superpoderes que tenían los demás. Como River ya no podía jugar como River (o porque es dificilísimo jugar como River siempre aspiró), Ponzio convidó al histórico ballet blanco con la garra de Boca, la supervivencia de Estudiantes, la épica de San Lorenzo, las vidas de la Selección Argentina cuando Bilardo dijo en el Mundial 90 que, si perdía, sería mejor que se cayera el avión. Mientras el Beto Alonso y el Burrito Ortega fueron los 10 en las Libertadores del ’86 y el ’96, un cosaco de barba roja lo fue en la última, la del tricampeón. No está mal. Ponzio le enseñó cómo sobrevivir al poeta, lo transformó en un espía que aún es rubio y hermoso pero ahora también sabe matar.
“Nosotros nos sentimos identificados con la idea de Gallardo, sobre todo con esa intensidad para jugar que nos hace diferentes”, dijo el 23 (número que usa porque es el día en el que cumple años su hija, el 23 de febrero) durante aquellas series coperas. No es por lo único que River, este River, es diferente: lo es, también, por la oscuridad que vivió en la B. Mientras millones de hinchas quisieran que la temporada 2011/12 jamás hubiera existido, el volante entiende que es una fuerza negra que el club ha usado a su favor.
En el 100×100 que le concedió a El Gráfico hay un tramo fabuloso. El periodista Diego Borinsky le pregunta si lo gastan en la calle con que es de la B, Ponzio dice que antes, que ahora no tanto, y luego de que le repreguntan si eso le jode, el capitán contesta, liviano: “No, no, si al Nacional lo ganamos”. Cada vez que va a trabar una pelota, cada vez que intenta un anticipo, el nuevo símbolo de River se hace de la potencia de un recuerdo: el vestuario chiquito y despintado de Almirante Brown. A todos nos define nuestro origen y este River –el River de Leonardo Ponzio–, él lo ha dicho, nació ahí.
“Muchos de los referentes del club venimos de clubes menores –le dijo a un programa de televisión uruguayo que se llama Fanáticos y cuya entrevista puede verse dividida en cuatro partes en YouTube–, entonces lo que intentamos explicarles a los chicos que se criaron en las Inferiores es dónde están realmente, cómo son las cosas allá afuera”. Cómo son las cosas allá afuera, una frase genial. E insistió con su mantra: “Lo que yo quería acá era tener un nombre”. La entrevista fue hace un año pero es lo mismo que le había dicho a su representante hace nueve, en 2008, mientras River pasaba de campeón a último y él jugaba con Facundo Quiroga, Mauro Rosales, Gerlo, Galmarini y Bou: “A mí me gustaría ser alguien en este club”. Entonces se fue, jugó en la B española, enfrentó al Huesca y al Castellón, ascendió, se las vio con el mejor Barcelona de la historia, Messi lo bailó dos veces, peleó la permanencia, supo cómo eran las cosas allá afuera, el desamparo, el frío, el dolor. Nueve años después, mientras River le ganaba a Guaraní por 2-0, un periodista, Andrés Burgo, concentró su viejo sueño en el entusiasmo crudo e inmediato de un tuit: “Llegó en la B. Le sangró el culo del estrés. Puso buena cara cuando ni era suplente. Fue clave en las series con Boca. Ponzio será leyenda”. Errata: ya lo es.
viernes, 7 de julio de 2017
Leo Messi pagará 252.000 euros para sustituir su pena de cárcel por fraude fiscal
El tribunal acepta la petición de la Fiscalía y la defensa del jugador para que no entre en la cárcel
Messi y su padre devolvieron los 4,1 millones que defraudaron y fueron condenados a multas de 2 y 1,4 millones de euros, respectivamente
Messi y su padre devolvieron los 4,1 millones que defraudaron y fueron condenados a multas de 2 y 1,4 millones de euros, respectivamente
jueves, 6 de julio de 2017
Dopaje y tecnologización deportiva
Los
presuntos casos de dopaje de los jugadores de River Plate en partidos
de la Copa Libertadores en curso manifiestan el creciente fenómeno de la
tecnologización deportiva. Este fenómeno se liga habitualmente al afán
por lograr la victoria a toda costa, que parece ser un rasgo distintivo
del deporte contemporáneo. En su afán por lograr la victoria (y las
recompensas que la acompañan), los deportistas se encomiendan a todo
tipo de procedimientos que puedan proporcionarles una mejora del
rendimiento. Nos confundiríamos si pensáramos que este afán por ganar es
único de nuestra época. En la antigua Grecia, por ejemplo, los
deportistas recurrían a sustancias como los testículos de diferentes
animales asumiendo que les proporcionaban una ventaja añadida en la
competición. No obstante, lo que sí resulta único de nuestra época es
que la mejora del rendimiento se busca a través del estudio científico y
su aplicación tecnológica.
La tecnologización deportiva no es un fenómeno nuevo, pero sí lo son los procedimientos disponibles para mejorar el rendimiento así como sus efectos sobre los deportistas. Hace ya treinta años, Roberto Fontanarrosa expuso magistralmente las perplejidades de este fenómeno en su cuento “El record de Lauven Vogelio”. Vogelio es sometido no sólo a insólitos y cruentos adiestramientos sino también a deformantes intervenciones quirúrgicas y tratamientos químicos en procura de convertirlo en el mejor velocista del planeta. El día en que lo demostraría, Vogelio estalla en plena carrera y se pulveriza en el aire. Su grotesco aniquilamiento muestra la cara más atroz de la tecnologización deportiva.
Tanto el deporte como su tecnologización (de la que el dopaje es una manifestación persistente), así como sus riesgos y potencialidades, deben comprenderse como frutos de la modernidad. Por un lado, los permea una racionalidad secular, instrumental, burocrática y perfeccionista centrada en la superación de records, la especialización y la cuantificación. Todo ello basado en la explicación científica de los mundos natural y humano así como su dominio. Por otro lado, los permea un espíritu emancipador, basado también en el conocimiento científico y el dominio de las fuerzas naturales y humanas.
Como toda práctica moderna, el deporte conlleva la posibilidad de liberación y al mismo tiempo de su condena. Se podría argumentar, por ejemplo, que el dopaje ejemplifica el carácter contradictorio de la modernidad, ya que la tecnologización desmedida jaquea el potencial emancipador del deporte.
La obra de Bernard Suits, uno de los fundadores de la filosofía del deporte, ofrece un camino elocuente para limitar el impulso racionalizador moderno sin poner en peligro su espíritu emancipador. Según Suits, el deporte consiste en la imposición voluntaria de obstáculos para lograr un fin. De este modo, la actividad deportiva se caracteriza por una “lógica de la gratuidad”, que aleja a los individuos de las necesidades y dificultades de la vida diaria para sumirlos en un mundo de problemas artificiales, que si bien son innecesarios, están ligados a aquello que nos define como seres humanos. Por un lado, el ejercicio de autoimposición de obstáculos innecesarios es un acto de libertad, o aún mejor, de generación de un espacio dónde desarrollar la libertad. Por otro lado, el intento por superar los obstáculos innecesarios inherentes al deporte posibilita el desarrollo de habilidades físicas (y también de otra índole), excelencias y virtudes a partir de la creación, innovación y expresión individual y colectiva, que no se ejercitan con asiduidad en otras actividades humanas. Lo cual dota al deporte de un carácter humanístico.
Así pues, podría afirmarse que la lógica de la gratuidad subyacente al deporte ofrece un marco para poner límites al impulso racionalizador moderno a partir de elementos típicamente modernos: emancipación y desarrollo de nuestra humanidad.
La propuesta de Suits es una crítica a la modernidad que salvaguarda, realiza y pule lo mejor de ella. El uso de la tecnología, o de la llamada “razón instrumental”, obviamente tiene lugar dentro del deporte. No obstante, ésta debe estar limitada por la lógica de la gratuidad. Cuando la tecnologización deportiva pone en peligro la estructura de la artificialidad deportiva, dicho uso debe ser prohibido o, al menos, regulado. Esta es la situación con los casos de dopaje que menoscaban los obstáculos innecesarios a superar en el deporte.
Evidentemente, no todos los procedimientos utilizados para mejorar el rendimiento tienen tal efecto, pero nuestro rechazo más inmediato está basado en esta alteración. Se dice frecuentemente que aquellos que se dopan son tramposos no sólo porque desobedecen las normas sino porque, al utilizar medios prohibidos para superar los obstáculos innecesarios, participan en una actividad distinta a la de los otros deportistas. Cuando esto sucede, se corrompe la práctica deportiva y simultáneamente se le niega su carácter emancipador. Si el deporte es una actividad que proporciona un espacio de libertad a través de la superación de obstáculos innecesarios, eliminarlos a través de la tecnologización deportiva supone negar aquello que nos permite desarrollarnos como sujetos libres. Esta crítica del dopaje sitúa el rechazo de la tecnologización desmedida del deporte en un nivel muy distinto al de las típicas críticas, que se basan en argumentos relacionados con la justicia, la coerción o la salud. Así, ante casos como el de los jugadores de River Plate, hemos de pensar en qué tipo de deporte queremos practicar y promover. De no hacerlo, tanto el deporte como los deportistas corren el riesgo de sufrir muchos de los padecimientos de Vogelio o la pobreza deportiva.
* Doctor en filosofía e historia del deporte.
** Doctor en filosofía.
La tecnologización deportiva no es un fenómeno nuevo, pero sí lo son los procedimientos disponibles para mejorar el rendimiento así como sus efectos sobre los deportistas. Hace ya treinta años, Roberto Fontanarrosa expuso magistralmente las perplejidades de este fenómeno en su cuento “El record de Lauven Vogelio”. Vogelio es sometido no sólo a insólitos y cruentos adiestramientos sino también a deformantes intervenciones quirúrgicas y tratamientos químicos en procura de convertirlo en el mejor velocista del planeta. El día en que lo demostraría, Vogelio estalla en plena carrera y se pulveriza en el aire. Su grotesco aniquilamiento muestra la cara más atroz de la tecnologización deportiva.
Tanto el deporte como su tecnologización (de la que el dopaje es una manifestación persistente), así como sus riesgos y potencialidades, deben comprenderse como frutos de la modernidad. Por un lado, los permea una racionalidad secular, instrumental, burocrática y perfeccionista centrada en la superación de records, la especialización y la cuantificación. Todo ello basado en la explicación científica de los mundos natural y humano así como su dominio. Por otro lado, los permea un espíritu emancipador, basado también en el conocimiento científico y el dominio de las fuerzas naturales y humanas.
Como toda práctica moderna, el deporte conlleva la posibilidad de liberación y al mismo tiempo de su condena. Se podría argumentar, por ejemplo, que el dopaje ejemplifica el carácter contradictorio de la modernidad, ya que la tecnologización desmedida jaquea el potencial emancipador del deporte.
La obra de Bernard Suits, uno de los fundadores de la filosofía del deporte, ofrece un camino elocuente para limitar el impulso racionalizador moderno sin poner en peligro su espíritu emancipador. Según Suits, el deporte consiste en la imposición voluntaria de obstáculos para lograr un fin. De este modo, la actividad deportiva se caracteriza por una “lógica de la gratuidad”, que aleja a los individuos de las necesidades y dificultades de la vida diaria para sumirlos en un mundo de problemas artificiales, que si bien son innecesarios, están ligados a aquello que nos define como seres humanos. Por un lado, el ejercicio de autoimposición de obstáculos innecesarios es un acto de libertad, o aún mejor, de generación de un espacio dónde desarrollar la libertad. Por otro lado, el intento por superar los obstáculos innecesarios inherentes al deporte posibilita el desarrollo de habilidades físicas (y también de otra índole), excelencias y virtudes a partir de la creación, innovación y expresión individual y colectiva, que no se ejercitan con asiduidad en otras actividades humanas. Lo cual dota al deporte de un carácter humanístico.
Así pues, podría afirmarse que la lógica de la gratuidad subyacente al deporte ofrece un marco para poner límites al impulso racionalizador moderno a partir de elementos típicamente modernos: emancipación y desarrollo de nuestra humanidad.
La propuesta de Suits es una crítica a la modernidad que salvaguarda, realiza y pule lo mejor de ella. El uso de la tecnología, o de la llamada “razón instrumental”, obviamente tiene lugar dentro del deporte. No obstante, ésta debe estar limitada por la lógica de la gratuidad. Cuando la tecnologización deportiva pone en peligro la estructura de la artificialidad deportiva, dicho uso debe ser prohibido o, al menos, regulado. Esta es la situación con los casos de dopaje que menoscaban los obstáculos innecesarios a superar en el deporte.
Evidentemente, no todos los procedimientos utilizados para mejorar el rendimiento tienen tal efecto, pero nuestro rechazo más inmediato está basado en esta alteración. Se dice frecuentemente que aquellos que se dopan son tramposos no sólo porque desobedecen las normas sino porque, al utilizar medios prohibidos para superar los obstáculos innecesarios, participan en una actividad distinta a la de los otros deportistas. Cuando esto sucede, se corrompe la práctica deportiva y simultáneamente se le niega su carácter emancipador. Si el deporte es una actividad que proporciona un espacio de libertad a través de la superación de obstáculos innecesarios, eliminarlos a través de la tecnologización deportiva supone negar aquello que nos permite desarrollarnos como sujetos libres. Esta crítica del dopaje sitúa el rechazo de la tecnologización desmedida del deporte en un nivel muy distinto al de las típicas críticas, que se basan en argumentos relacionados con la justicia, la coerción o la salud. Así, ante casos como el de los jugadores de River Plate, hemos de pensar en qué tipo de deporte queremos practicar y promover. De no hacerlo, tanto el deporte como los deportistas corren el riesgo de sufrir muchos de los padecimientos de Vogelio o la pobreza deportiva.
* Doctor en filosofía e historia del deporte.
** Doctor en filosofía.
miércoles, 5 de julio de 2017
CUANTO VALE UN POLVO DE CRISTIANO,AUNQUE SEA TROLO
Gestar futbolistas desinteresadamente
Estos días hemos sabido que parte de ese dinero duramente ahorrado iba destinado a alquilar el vientre de una señora para que le trajera unos mellizos. Según informa la prensa portuguesa, el delantero ha pagado doscientos mil euros, cien mil por niño, una auténtica bagatela si se considera lo que podrían valer mañana en el mercado del fútbol. En cierto modo, puede considerarse que Cristiano está haciendo una inversión, igual que cuando Florentino ficha un paquete y espera que crezca.
Vender y comprar carne humana ha vuelto a ponerse de moda este verano y no sólo en esos puertos de Libia donde los nuevos emprendedores subastan refugiados -hombres, mujeres y niños- como en los tiempos de Kunta Kinte. Lo que ocurre es que, a diferencia de esos países tercermundistas, en nuestras avanzadas democracias no se compran los niños ya hechos: primero hay que encargarlos, como las paellas. De momento no hay mucha regulación al respecto y no se sabe qué puede ocurrir si los clientes deciden que no están satisfechos con el resultado o si el producto presenta alguna tara de fábrica, pero seguro que los audaces legisladores de Ciudadanos ya están preparando una legislación al respecto.
De momento, Juan Carlos Girauta se ha sacado de la chistera neoliberal uno de esos términos con los que se monta una empresa de recogida de algodón en Alabama sin necesidad de manual de instrucciones. Girauta no habla de “vientres de alquiler”, que suena un poquito a negrero, sino de “gestar desinteresadamente”, y compara el aborto con la gestación subrogada sin que le tiemble un pelo de la barba. A Elvira Lindo se le ocurrió criticarlo en un artículo y Girauta le respondió que consultara a su marido, el académico. La verdad es que Lindo patinaba bastante porque si hay alguien que conoce el tema de los vientres de alquiler de primera mano es Girauta, que ha sido gestado en el PSOE, subrogado en el PP y luego lo han criado en Ciudadanos. Felisuco, otro huérfano adoptado por la formación naranja, profundizó en la polémica con uno de esos chistes suyos que demuestran por qué se dedica ahora a la política.
La clave está en el adverbio, desinteresadamente, que es también la explicación del súbito crecimiento de la economía y del último descenso en las cifras del paro. La clave, en efecto, está en parir desinteresadamente, soportando las molestias del embarazo durante nueve meses y regalando al final el fruto del parto, o escribiendo artículos gratuitos para The Huffington Post, esa novedosa plataforma digital donde tantos esquiroles colaboran gratis y que ha hecho de la esclavitud voluntaria una fructífera forma de negocio. Apenas combinemos la ingeniería genética con esta original concepción laboral de gestar hijos para millonarios podremos encargar una remesa de delanteros o una hornada de columnistas a tiempo completo. Desinteresadamente.
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