viernes, 19 de mayo de 2017

UN MERCENARIO QUE DEJA TIRADO AL SEVILLA

El Atlético, el club más argentino de España

Ratón Ayala, historia del Atlético
Ratón Ayala, historia del Atlético (David López - David López)
Según un estudio realizado por el Centro de Investigaciones de Historia y Estadística del Fútbol Español (CIHEFE), Argentina es el país que mas futbolistas extranjeros (814) ha aportado al fútbol español; y prácticamente duplica a Brasil, que le sigue con 424 jugadores, según el estudio que ha realizado José Antonio Ortega, en el que se indica que el tercer lugar es para Uruguay con 278 futbolistas.
Y, ¿saben cuál es el club que más argentinos ha tenido a lo largo de su historia? Sí. El Atlético de Madrid, con 49 futbolistas, seguido por el Mallorca (47), Murcia (46), Las Palmas (44), Espanyol (43), Elche (40), Deportivo de La Coruña, Rayo Vallecano, Zaragoza (39) y Tenerife (36). En cambio, ninguno ha militado en el Athletic de Bilbao.
En la actualidad, son tres los jugadores nacidos en el país albiceleste que militan en la actual plantilla: Augusto Fernández, Nico Gaitán y Ángel Correa. Y otros tres forman parte del cuerpo técnico: Diego Simeone, Germán Burgos y Pablo Vercellone, preparador de porteros.
Son muchos los argentinos que han hecho historia en la entidad colchonera, incluyendo a Gárate, que nació en el país sudamericano. El propio Simeone, Rubén Cano, Ratón Ayala, Panadero Díaz, Ovejero, Griffa, Maxi Rodríguez, Agüero... Además, Leo Franco, que estuvo varios años en el Atlético, es el argentino que más temporadas ha disputado en España, con un total de 18.
La conexión del Atlético con Argentina también es, en cierto modo, sentimental, pues en muchas ocasiones se ha dicho que la afición rojiblanca es la más argentina de España y de Europa, tanto por la pasión de sus hinchas como por el ambiente que se vive en todos los partidos que se disputan en el Vicente Calderón.

Cristiano y los maletines

El jugador portugués insinuó a un jugador del Celta que estaba primado. "Tú, dinero. Maletín" le dijo Ronaldo a Cabral

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Cristiano y los maletines.
ANTONIO MERINO / MADRID
Jueves, 18 de mayo del 2017 - 22:38 CEST
Cristiano Ronaldo estuvo muy activo durante el encuentro ante el Celta, que vale medio billete hacia el título de Liga para el Madrid. El jugador portugués tuvo tiempo de insinuar que el equipo vigés estaba primado y lo hizo tras una acción que bien pudo costarle la quinta amarilla y, por tanto, no jugar el decisivo choque del domingo ante el Málaga de Míchel.
Acababa de ver la roja Iago Aspas al entender el árbitro que el jugador del Celta se había tirado en una lance con Ramos, que forma parte de esos penaltis que fabrica el central blanco de manera incomprensible. La segunda amarilla tuvo que ver más con la bronca que Aspas y el ‘Tucu’ Hernández tuvieron con el árbitro en el descanso. «Cagón, te has cagado» le dijeron los dos jugadores a Martínez Munuera, según la Cope. El colegiado no dudó en tomar la matrícula y dejar con 10 al Celta tras la acción entre Aspas y el central blanco.

"Cagón, te has cagado, le dijeron Aspas y el 'Tucu' Hernández al árbitro en el descanso

RONALDO, SIN TARJETA

La casualidad quiso que poco después de eso Ronaldo cayera en el área del Celta. Esta vez no hubo tarjeta y Cristiano se libró. «Le he cambiado a seis minutos del final para que no viera la quinta amarilla», dijo Zidane, consciente de que su jugador franquicia pudo correr la misma suerte que Aspas.
No solo no fue así, sino que Cristiano se la tiró a Cabral con lo de las primas a terceros después de que el defensa le dijera a CR7 que se había tirado nada más sentir un mínimo contacto con Jonny. «No pedí penalti. Tú, dinero. Maletín», le espetó el portugués al central vigués, según recogieron las cámaras de #Minuto 0 y el Golazo de Gol. No fue el único porque Ramos también se apunto a lo de las primas. «Hoy sí», le dijo el central al ‘Tucu’ tras una entrada de este.

jueves, 18 de mayo de 2017

NUEVAS REGLAS DE LA WORLD RUGBY

El rugby que viene y que no habíamos visto: adiós a la 'compra' de internacionales

World Rugby pone coto a la ‘compra’ de jugadores por parte de las selecciones mientras que en las competiciones de clubes donde estaba el corazón sólo queda la cartera

Foto: Los Jaguares de argentina contra Western Force en un partido del Super Rugby. (EFE)
Los Jaguares de argentina contra Western Force en un partido del Super Rugby. (EFE)
El pasado enero el histórico club de rugby London Welsh desapareció por impagos. El equipo había nacido en 1885, casi a la par que el propio rugby, y junto a London Scottish y London Irish, formaba la trinidad de 'exiliados' que juegan a esto en el corazón de la City.
Apenas dos meses después, al otro lado del canal de la Mancha, Racing 92 lanzaba una OPA hostil contra su némesis parisina Stade Français que, en horas bajas y telarañas en la cuenta corriente, sólo podía decir que sí a formar un mega club en la Île-de-France. La resistencia de jugadores y aficionados, sin embargo, lo impidieron. En los últimos años Grenoble, Montauban y Burgoin fueron obligados a descender por motivos económicos. El tope salarial en Francia es de 10 millones de euros -similar al de la Premiership inglesa, que son 7 millones pero en lo suyo- pero tales cantidades están reservadas para fichar talentos del Sur y no para promover jugadores franceses. Los ridículos continuados de la selección en el Seis Naciones dan buena cuenta de ello.
Arrancó, mientras, el Super Rugby. Y, pese a la excelencia de las franquicias neozelandesas, en Sudáfrica y Australia suenan tambores de guerra. El sistema de conferencias no engancha a los aficionados mientras que el aumento de equipos ha dispersado el talento por un lado y, por el otro, ha estirado el chicle del presupuesto. Allí también hay voces discordantes sobre lo que hacer. La SANZAR pretende una reducción de equipos para elevar el nivel de la competición mientras que los dirigentes locales, aun a sabiendas de que es una recomendación cabal, se resisten a ello. Western Force o Melbourne Rebeles en Australia y Sothern Kings y Cheetahs en Sudáfrica, cuentan los días antes de pasar por el cadalso.
Más. Hace apenas dos semanas, la Unión de Rugby de País de Gales tomó el control total de la franquicia Newport Gwent Dragons -de la que ya era accionista- para poder operar en la reforma de su estadio. Ellos solos no podían asumir el coste de un equipo profesional. Cardiff Blues se puso a la cola y ya ha comenzado las negociaciones con el ente federativo para cederle, bien temporal, bien permanentemente, la propiedad de la franquicia a la propia federación con la reforma de Arms Park en el horizonte. Las otras dos franquicias, Ospreys y Scarlets, también quieren parte del pastel porque el ritmo de fichajes de sus rivales en las competiciones continentales es insostenible.
En Escocia, pese a que incomprensiblemente sólo uno de sus jugadores de élite, Stuart Hogg, está convocado para la gira de los British and Irish Lions por Nueva Zelanda del próximo mes, también pasan cosas, pero al revés. La SRU se muestra reluctante a vender los derechos de los Test Matches de noviembre a BT, a la sazón su principal sponsor, a costa de perder dinero. La BBC retransmite los encuentros en abierto y, dicen, eso es una manera de ir ganando terreno al fútbol. Con todo, corren riesgo de quedarse sin TV que programe sus partidos. La Heineken Cup murió hace dos años por motivos similares y el exceso de cuotas de poder de los clubes de la liga celta.
Si se une la línea de puntos, aparecen tres asuntos fundamentales a resolver y una World Rugby como parachoques de todos los problemas. Primero, un calendario demencial entre competiciones de clubes y selecciones que acaba por repercutir en el segundo ítem: la seguridad de los jugadores y el aumento de las lesiones. En tercer lugar, el éxodo de talento de países sin el potencial económico de Francia e Inglaterra. Asimismo, no se puede frenar la progresión de los países del Tier 2 y 3 (Tonga, Samoa, Fiji, EE.UU., Canadá, Uruguay, Japón, Georgia, Rumanía…España) porque como se ha visto en el caso de Italia la línea que separa la mediocridad con la élite es muy fina y se dibuja de fracaso en fracaso.
Los British & Irish Lions. (EFE)
Los British & Irish Lions. (EFE)

Un poco de luz y criterio de la World Rugby

Antes de la asamblea anual la World Rugby aprobó un calendario armonizado que entrará en vigor en 2020 y llegará hasta 2032 para prever ventanas de amistosos en verano y otoño donde no se corten competiciones como el Super Rugby y tanto el Rugby Championship como el Seis Naciones encuentren acomodo con las ligas locales. También el Mundial y las giras de los Lions. Además, se garantizan Test Matches de países del Tier 1 a las Islas del Pacífico, Japón, Canadá, Estados Unidos, Georgia y Rumania.
En la asamblea de la semana pasada, asimismo, se puso cerco a la norma 8 del reglamento. Aquella que determina la elegibilidad de jugadores foráneos por motivos de residencia. De 36 meses se ha pasado a 60 y las federaciones ya no podrán nombrar al equipo sub 20 como representativo. Así, los jugadores que, por ejemplo, jugaban el mundial juvenil con Inglaterra y acababan representando a Gales en categoría senior, se acabarán. La reforma de la norma entrará en vigor en 2021 pero los mimbres para proteger, sobre todo, a las naciones del Pacífico, están puestos.
Si bien esto no afecta directamente a los clubes de chequera alegre, sí que supone un freno a la hora de dar transfers y permite a las federaciones margen de maniobra a la hora de contratar a los jugadores. Algo que ya hace Gales con sus piezas clave para que permanezcan en sus franquicias o la propia Nueva Zelanda con sus proyectos de Mundial a Mundial.

Mientras, en España, a lo nuestro

La noticia de que San Mamés albergará las finales de la Champions y la Challenge Cups en 2018 fue recibida con alborozo. La EPCR, regente del rugby europeo de clubes tras el fiasco de la Heineken Cup, busca nuevos mercados y Bilbao y la FER lo supieron ver a tiempo. Si a eso le juntamos los buenos resultados de las selecciones de sevens, la esperanzadora temporada del XV de Santiago Santos de cara a Japón 2019 y los éxitos en las organizaciones de los campeonatos de cantera, el cuadro que podría resultar parece esperanzador. A un tris de ser algo más que ese deporte de universitarios licenciosos.
Pero no. El vodevil a costa de las retransmisiones de las semifinales de la División de Honor de este fin de semana entre VRAC Quesos Entrepinares y Sanitas Alcobendas y Silverstom El Salvador y U.E. Santboiana han vuelto a poner al rugby español en la tesitura del quiero y no puedo. Y aunque en las últimas horas se ha sabido que Eurosport cumplirá su contrato con la FER a la hora de retransmitir semifinales y final de liga y en el horario que determina el reglamento de la competición, el ridículo ha sido mayúsculo. Por la falta de diligencia de unos y la cerrazón de otros o viceversa. Cuando el problema del rugby español no es la TV ni si se juega una final de Copa ante 5.000 o 26.000 espectadores. Lo dijo Santiago Santos, el seleccionador, en una entrevista al diario Marca hace poco tiempo. Es la pérdida de talento. Algunos dirigentes no tienen ninguno.

miércoles, 17 de mayo de 2017

MACRI PRIVATIZA EL FUTBOL ARGENTINO,LO VERAN SOLO LOS RICOS COMO EN ESPAÑA


La oferta oculta dejó al desnudo el lobby por la TV

Consor se coló en la disputa con más dinero pero no todos la quieren.

Al campeonato de Primera, el que no tiene fecha de regreso ni pantalla que lo televise, todavía le queda más de la mitad de camino. Faltan 16 fechas para que finalice y, como se estimaba en diciembre, todavía se desconoce quién trasmitirá el deporte en la pantalla chica. No hay acuerdo. Sí hay lobby. Hasta hace unos días, la sucesión del Fútbol para Todos (FpT) parecía ser un juego entre dos: Fox-Turner, la multinacional estadounidense que prefiere el gobierno, o la cadena deportiva ESPN. Había, además, algo en común entre ambas: ninguna quiere pagar los 3500 millones de pesos anuales, el monto que esperan los dirigentes. Pero apareció un nuevo interesado en los derechos televisivos. Es Consor, también de Estados Unidos, que acercó una oferta millonaria que causó sorpresa. "Llama la atención la diferencia", repiten los dirigentes.
Las versiones sobre el flamante oferente son encontradas. Los números son contundentes: supera la mejor de las propuestas escuchadas hasta ahora. Mejora incluso las expectativas de los dirigentes. La firma dedicada a la valirazación de la propiedad intelectual y las estrategias de licencia desembolsaría 5400 millones de pesos por año. El contrato sería por cinco años, con la opción para renover por otros cinco. Es lo que buscan los dirigentes.
Algunos medios señalaron que el ofrecimiento llegó del entorno de Armando Pérez. Otros dirigentes, sin embargo, cuentan otra historia. La llaman la oferta oculta: sostienen que el interés estaba hace tiempo pero el gobierno lo venía frenando. El objetivo era apalancar las posibilidades de Fox-Turner y ESPN. "Hay que ver las condiciones", señala Alberto Lecchi, presidente de Temperley, sobre la letra chica del eventual desembarco que se definirá con ofertas en sobres cerrados.
Para sellar cualquier acuerdo, sin embargo, falta resolver un pequeño detalle: la ruptura del vínculo con el gobierno, o sea, el FpT. Desde Balcarce 50 ya ni siquieran gastan saliva en posibles fechas para cancelar los 350 millones de pesos prometidos en diciembre y nunca girados.
"Primero lo económico y después lo político" es el lema que reúne al sector que pretende votar la rescisión del FpT y el nuevo contrato en una Asamblea lo más cercana posible. El Ascenso no pone reparos, sino más condiciones: definir todos los cambios y, además, elegir un presidente.

martes, 16 de mayo de 2017

YO LO VIVI IGUAL SORIANI,GRACIAS POR RECORDARMELO

El Capitán de River
La excusa es el fútbol, el Superclásico y las tensiones siempre vigentes entre gallinas y bosteros. Esta crónica, publicada por primera vez como contratapa de Páginai12 a finales de 2014 y escrita bajo el signo de la banda roja, revela algo de la cultura universal del hincha, de la pasión compartida y transmitida de padres a hijos.
El River de Carrizo, Onega, Artime, Delem y Roberto, a mediados de los 60.
El River de Carrizo, Onega, Artime, Delem y Roberto, a mediados de los 60

  • Carrizo, Ramos Delgado y Echegaray, Sainz, Cap y Varacka; Onega, Pando, Artime, Delem y Roberto. Es la primera formación de River que recuerdo, de mediados de los sesenta, cuando a los ocho años empecé a acompañar a mi padre a la cancha todos los domingos que jugábamos de locales.
    Ibamos a la San Martín alta y en ese entonces no existían “los Borrachos del Tablón”, ni la “Banda del Oeste”, ni el porro, ni la merca. Existía sí la cerveza, que en ese entonces no era “la birra” y ni se notaba en esa tribuna roja y blanca, donde mi padre orgulloso me hacía agarrar la punta de la inmensa bandera que desplegaba la hinchada, ahí en medio de esa tribuna, en el corazón del gallinero. No tengo un solo recuerdo de violencia, más bien lo contrario, varias veces fui alzado en brazos de algún grandote para ver la salida del equipo, en esa fila india que siempre encabezaba el inolvidable Amadeo Carrizo que, con su buzo violeta, gris o amarillo fuerte, de cuello con botones, fue vanguardia hasta en la manera de vestirse, aunque luego el Loco Gatti haya pretendido eclipsarlo.
    A ese equipo se fueron sumando luego otros nombres: el Indio Solari, Daniel Onega, el hermano del gran Ermindo, Sarnari, Pinino Mas y hasta el uruguayo Matosas, el que fue comprado por la friolera de treinta y tres millones de pesos, record para la época y tapa de los diarios de aquellos años. El uruguayo, que era un crack de fina estampa, culto y concertista de piano, tardó en amoldarse a ser el “seis” de la banda roja. Empezó mal, lento, a destiempo, flojo en la marca, hasta el punto que desde la San Martín, siempre tan exigente, llegamos a cantarle “Matosas/Matosas/ andá a patear baldosas”. Con el tiempo tomó confianza y también llegó a ídolo, por su categoría y nunca por la famosa “garra charrúa”. Roberto era incapaz de pegarle una patada a nada que no fuera la pelota.
    El rito de ir a la cancha con mi viejo comenzaba a la mañana temprano. Escuchábamos la previa en el patio de nuestra casa de Almagro con una radio Spica, ahora convertida en objeto de culto, y el almuerzo era temprano, para llegar a ver también el partido de Reserva. Este funcionaba como preliminar y nos servía para ubicarnos en algún sector bueno de las todavía despobladas tribunas. La multitud llegaba cuando promediaba ese partido y nosotros ya teníamos nuestros lugares en esas gradas de cemento que no tenían butacas, donde el culo se raspaba sin remedio y donde la esperanza era poder ver el partido sin pararse nada más que para gritar los goles. Muchas tardes de grandes clásicos me conformé con verlo por los resquicios que dejaban las piernas o las espaldas de los otros, porque mi viejo no podía tenerme alzado todo el tiempo y no siempre había vecinos solidarios.
    Pero nunca me quedé sin mis “Chuengas”, esos masticables caseros que hacía un tipo de remera a rayas como la del capitán Piluso al que todos llamaban “Chuenga”, igual que sus caramelos. El tipo era una leyenda y se llegó a decir, cuando ya no se lo veía, que se había hecho millonario y vivía en un “palacete” de Belgrano R. La hinchada lo adoraba y manos generosas hacían cadena para hacerle llegar las monedas y entregar los caramelos, que eran un puñado a discreción que don Chuenga medía con el puño, según su humor y la cantidad de monedas recibidas. Jamás oí ninguna queja, la voluntad de Chuenga no se discutía.
    “La voz del estadio” se escuchaba en profundo silencio, porque era la forma de confirmar las formaciones de los equipos, dato que a veces no tenían ni los relatores de radio, “la Voz...” era la única capaz de develar el misterio.
    Cuando mejoramos nuestra posición en la cancha y sacamos dos abonos en la Platea Colonia, durante el entretiempo se miraba el río, mientras los parlantes del estadio pasaban el comercial que aún resuena en mis oídos: “Si su piloto no es Aguamar/No es impermeable le puedo asegurar...”. Y si no habíamos llevado la radio, averiguábamos los resultados de los otros partidos mirando el famoso tablero con letras y números que eran “la clave del Alumni”, revista que se compraba antes de entrar a la cancha, casi con ese único fin.
    Cuando cambiamos la Spica por la Noblex Carina, toda de cuero, más grande y con mejor sonido (la FM no existía), fuimos los reyes de la tribuna, y todos acercaban sus orejas a la radio que mi viejo llevaba orgulloso cuando había que aclarar quién era el autor de un gol o cualquier alternativa dudosa. Ya existía el Gordo Muñoz, que todavía no justificaba el genocidio, porque era la Argentina de Illia y luego de Onganía, el general que había llegado “para quedarse veinte años”.
    Mi padre, militar hasta la médula, criticaba que los jugadores saltaran a la cancha corriendo y haciendo piruetas. “Deberían salir en fila de a uno, casi marchando, con la frente bien alta y derechitos como estacas”, decía con voz marcial, y nuestros compañeros de tribuna no se atrevían a discutirle. “Son soldados”, remataba el Capitán, a quien habían pasado a retiro temprano, por gorila. El hubiera sido feliz viendo salir a los equipos en los actuales campeonatos mundiales: ambos equipos juntos, en fila india y “derechitos como estacas”.
    El regreso era eufórico o callado, según hubiera sido el resultado del partido. Con la Carina a todo volumen si habíamos ganado o apagada si perdíamos.
    Nunca escuché a mi viejo elogiar a ningún jugador “bostero”, ni siquiera a Marzolini o al inolvidable Rojitas. Para él vestir la camiseta de Boca era una vergüenza e imposible que ningún jugador de categoría se la pusiera. “Son todos matungos”, decía.
    Tanto nos divorció la política que al final faltamos diez años a la cancha. No por nuestras diferencias, sino porque yo fui preso político de la dictadura. En sus visitas a la cárcel discutíamos hasta la pelea por nuestras convicciones tan distintas, pero siempre terminábamos abrazados en el amor común a la banda roja.
    Terminada la dictadura, volvimos a festejar juntos la Libertadores del ’86, con ese famoso gol del Búfalo Funes. Mi papá murió tres años después.
    Ayer hubiera elogiado a Ponzio, por su garra, hubiera creído de nuevo en Barovero, hubiera puteado a Rojas “porque es bueno pero amargo”, hubiera seguido con la duda de si Funes Mori sí o no, hubiera gritado a morir el gol de Pisculichi y hubiera tratado de convencerse de que Teo Gutiérrez es un fenómeno, aunque “debería haber hecho la colimba” para “corregirse”.
    Ayer festejé el triunfo junto a mis dos hijos, como en otro momento lloré con ellos el descenso. Nunca somos tres, siempre, siempre, el Capitán está a nuestro lado.
    * Texto publicado como contratapa de PáginaI12 el 29/11/2014, extractado del libro Los días eran así.