viernes, 18 de julio de 2014





Balance argentino del Mundial

Por Hugo Presman

Si después de los dos primeros partidos de nuestra selección en este mundial, a un argentino futbolero medio le hubieran prometido jugar la final y salir subcampeón, firmaba entusiasmado. Eso es finalmente lo que se consiguió y dentro de la alegría que se extendió a todo el país, un sabor amargo convivió con la euforia. Es algo absolutamente humano. Llegado a una posición que permita aspirar a lo más alto del podio, situación lejana al iniciarse el torneo, conseguir la ansiada copa se vuelve una pulsión intensa. El hecho que Argentina no llegara a esta instancia en los últimos 24 años nos ha llevado a apreciar la importancia de jugar los siete partidos de un mundial y que ese derrotero no resulta habitual sino infrecuente. Habíamos disfrutado de un hecho inédito a nivel de nuestro fútbol y poco frecuente a nivel mundial: dos campeonatos del mundo ( 1978 y 1986) y un subcampeonato (1990), todo en el término de doce años. La larga sequía de dos décadas y casi un lustro no llevó a adoptar una actitud más modesta acerca de nuestras potencialidades. Eso lo tradujo en una declaración Alejandro Sabella: “En fútbol los argentinos nos creemos más de lo que somos”

CONTRASTANDO ASEVERACIONES PROPIAS

Después del mal partido de Argentina en el debut con Irán, fundamentalmente en el primer tiempo, escribí: “Messi, como en su momento Maradona, han establecido un marco de referencia condicionando presencias y ausencias (Ramón Díaz el primero, Carlos Tévez el segundo). Está claro que sus declaraciones posteriores al primer partido fueron muy críticas del esquema implementado por Sabella en el primer tiempo (5-3-2) y apostaba a un planteo audaz. Eso es diferente a señalar, como lo hace el diario Clarín de una fractura en la relación entre ambos o del plantel con el director técnico.

En principio resulta positivo, pero es bueno no llevar ciertas aseveraciones a un extremo. Por eso es importante no atarse literalmente a una de sus declaraciones: “Somos Argentina y tenemos que jugar sin fijarnos en quién tenemos enfrente. Tenemos que pensar en nosotros”

Es una frase que se puede suscribir como una apreciación general, sin sobrestimar al adversario exagerando los recaudos como hizo Sabella con Bosnia ahora, y ante Colombia y EE.UU en otras ocasiones, o como en su oportunidad (partido inaugural del Mundial de España) hiciera Menotti con Bélgica, tan inconveniente y peligroso como subestimar el potencial propio.Pero como Argentina tiene una estructura desbalanceada, resulta imprescindible considerar los puntos fuertes y débiles de los equipos poderosos que habrá que enfrentar en las etapas decisivas, adoptando las precauciones pertinentes. Está aún muy presente la goleada que nos infringió Alemania en el Mundial de Sudáfrica con una improvisación táctica de la selección Argentina muy evidente.

No significaría una traición que en partidos de alto riesgo se pasara de un 4-3-3 a un 4-4-2, siempre que los volantes se proyecten con frecuencia al ataque.

En síntesis: si se consigue superar los desequilibrios formandoun bloque que disimule las limitaciones y potencie las virtudes de los mejores jugadores, apostando a la audacia sin convertirnos en kamikazes, el Mundial se presenta para estar en la final. Partiendo de una zona con rivales débiles que cualquiera de los posibles candidatos envidiaría y descartando el primer lugar en la misma, el primer rival en octavo es posible que se encuentre entre Ecuador y Suiza que es otra excelente oportunidad de pasar a cuartos de final. A partir de ahí quedan sólo dos partidos para arribar a la final. Parece un camino mucho más propicio que en cualquiera de los mundiales anteriores. Si se llega con buenas actuaciones y fortalecido anímicamente, el horizonte parece aproximarse.

No habría que olvidar aquella vieja apreciación futbolística que sostiene: “Orden contra desorden, triunfa el orden”. Orden contra orden, se impone el que dispone de los mejores jugadores.”

Esto fue escrito y publicado el 19 de junio. En esa misma nota se comentaba: “La mejor formación argentina es con los cuatro defensores habituales en el fondo; los tres del medio con Gago, Mascherano y Di María; y adelante con Messi, Higuaín y Agüero. Es su formación más potente, pero con una estructura desequilibrada. El medio campo tiene muy poca marca, salvo Javier Mascherano, por lo que quedan más expuestas las limitaciones del fondo. La presencia de Gago con movilidad limitada pero con una excelente pegada y visión de juego para el primer pase, reemplaza parcialmente la ausencia de un enganche y potencia lo mejor del equipo que son sus tres delanteros (a los que se suma un Di María que llegó en un excelente nivel que no exhibió en el primer partido). Pero ante rivales de poderío como Alemania, Holanda, Brasil (pese a que en sus dos primeros partidos mostró un nivel incompatible con su historia), Italia, Francia y tal vez Colombia y Chile, es posible que al ser superado el medio campo, los de arriba queden aislados y los de atrás queden expuestos en sus precariedades. En ese caso se podría fortificar el medio campo con un jugador de mayor movilidad y marca como Biglia en lugar de Gago. Como siempre, toda decisión tiene sus costos: lo que se gane en marca y seguridad se pierde en claridad de juego. Por todo ello, en frío, el equipo tiene una estructura desequilibrada que sólo puede ser compensada con una notable movilidad de los cuatro ases de espada. Si no se consigue consolidar un bloque sólido y compacto que defienda y ataque en bloque, el defecto apuntado pueden postergarnos nuevamente.”

Superada la débil zona que no tocó con actuaciones poco convincentes, con un equipo descompensado que salvó las papas del fuego con algunos de los fulgores intermitentes de Messi, Sabella realizó los cambios correctos: fortificó la línea de fondo con un jugador experimentado y con voz de mando como Martín Demicheli y solidificó el medio campo con un jugador de marca como Lucas Biglia, que se convirtió en la perfecta rueda de auxilio de Javier Mascherano.

Eso sucedió en el partido con Suiza, a la que se le ganó agónicamente a dos minutos de concluir el segundo tiempo del alargue y se tuvo la baja muy decisiva del autor del gol Ángel Di María. En el partido siguiente con Bélgica, la ausencia del notable delantero rosarino fue compensada con la gran actuación del Pipita Higuaín ( por otra parte fue el único partido que se desempeñó de acuerdo a sus antecedentes), sumado al muy buen desempeño con mucho desparpajo de Enzo Pérez, la rueda de auxilio que significó Lavezzi, y la actuación en un continuo ascenso de Mascherano que alcanzaría un nivel épico contra Holanda.

Eso me llevó a escribir después de ese partido una nota con el título “En Brasil volvieron a ver al negro Jefe” que decía:“Egresado de la mayor escuela futbolística del país que fue desvalijada en los últimos lustros, Javier debutó en la selección antes de jugar en la primera de River. Como su antecesor en el puesto fue Leonardo Astrada, “el jefe”, rápidamente se lo apodó “el jefecito”. Un cinco en la línea de los mejores de toda la historia. Imposibilitado de retenerlo, River lo vendió al Corinthians. Luego pasó por dos clubes ingleses para, finalmente, ser adquirido por el Barcelona en el 2010. El director técnico Pep Guardiola declaró: “Mascherano es un fichaje espectacular. Para un equipo como el Barca, no tiene precio tenerlo. Es un acierto.” Y su figura alcanzó relieve en el mejor equipo del último lustro. Coleccionista de títulos, entre tantos otros, es campeón olímpico en Grecia y China en el 2004 y 2008. Es su tercer campeonato del mundo. En los anteriores quedó en cuartos de final. Pero esta vez se prometió que sería distinto. Le cedió la capitanía a Leonel Messi, sin dejar de ser el GRAN CAPITÁN. Reunió a sus compañeros y fue claro: “Estoy cansado de comer mierda”. Quería decirles que esta vez, la tercera oportunidad que clasificó la selección que integra, la propuesta de mínima era llegar a la final. Y el inconmensurable Mascherano con una mezcla notable de corazón e inteligencia lo demostró en cada partido y produjo la admiración del Mundial. Declara con la sobriedad con que juega: “En el grupo siempre estuvo primero el nosotros que el yo”. Una continuación del pensamiento del notable Alfredo Di Stéfano, que murió durante el transcurso del Mundial y que sostenía: “El todo es siempre más que uno”. Durante el partido es Sabella dentro de la cancha y fuera su estrecho colaborador. Cuando en el partido con Holanda se llegó a los penales se acercó a Romero y le dijo: “Hoy te comés el mundo. Hoy vas a ser el héroe”. Y chiquito no lo defraudó y le dio la razón.

Es el jugador que más pases dio en el torneo y el que más se la dio a un compañero, con el 86% de eficacia. Lleva a la práctica una precisa frase del notable Jorge Valdano: “El fútbol es un juego con una pelota, a la que hay que tocarla mucho y tenerla poco.”

“El jefecito” es un jefazo. Por eso dicen que en el Itaquerao de San Pablo, resucitó Obdulio Varela, “el negro jefe”. Igual que el artífice del Maracanazo, desde el medio campo, su ubicación es la cancha entera. Un terrenito de 100 x 70. Igual que Obdulio, que cuando se fueron los dirigentes que les pedían que sólo evitaran la goleada, les dijo a sus compañeros “los de afuera son de palo”, Javier grita, estimula, alienta y ubica. Si Obdulio Varela cuando Brasil hizo el gol y el Maracaná se vino abajo, fue a su arco, agarró la pelota y tardó cuatro minutos para llegar al centro del campo tratando de enfriar una caldera hirviente, Mascherano se estira en el último minuto del partido, corriendo de atrás, y limpiamente le saca la pelota a Robben, en la única situación de gol de Holanda.

Muchos dicen que es cierto. Que la resurrección existe. Que Obdulio se reencarnó en Javier. Y que el negro Jefe le dijo que después de 64 años, lo ayudará a levantar la preciada copa que Uruguay logró en el Maracaná, en la mayor hazaña del fútbol mundial. Javier tiene que escucharlo. Obdulio sabe más que nadie cómo se enmudece a los adversarios en el Maracaná y cómo luego se debe ser magnánimo en el triunfo. En Brasil volvieron a ver al Negro Jefe. Ojalá que no falte a la cita el domingo 13 de julio. Los fantasmas no siempre son puntuales a los encuentros que conciertan. Aunque el que seguro no faltará es el inmenso Javier Mascherano y sus compañeros apoyando a que Leonel Messi pueda frotar la lámpara de su talento. Y si eso no alcanza, en última instancia está Chiquito, para alcanzar lo más grande.”

ANTES DE LA FINAL

La nota se tituló “SE PUEDE”, escrito a menos de 24 horas del partido final y decía: “No es nada fácil pero de ninguna manera imposible. La selección alemana llega como equipo con una ventaja. En el recorrido hasta esta final ha sido posiblemente más equilibrada y potente. Una mirada que pretende ser equilibrada es la que permite afirmar que Alemania es más que la que le ganó a Argelia en tiempo complementario y a Ghana le empató a 20 minutos de terminar el partido. No se puede tomar como parámetro los siete goles a Brasil, resultado que se da cada siglo por una conjunción de circunstancias particulares e irrepetibles. Lo más cercano a la Alemania real es la que le ganó a Portugal 4 a 0.Un muy buen equipo con una variedad de muy buenos jugadores que pueden llegar al gol.

Es fundamental para tener posibilidades que las dos líneas de cuatro, la del fondo y las del medio campo estén próximas y en un nivel como el que le permitió neutralizar a Holanda. Pero para ganarle a los alemanes es fundamental que eleven el nivel fundamentalmente Messi y que el Pipa Higuain vuelva a repetir su gran actuación contra Bélgica. El medio campo será el lugar que marque el predominio de un equipo sobre otro. Pero el cuarteto argentino integrado por Biglia-Mascherano- Enzo Pérez- Lavezzi debe desdoblarse fundamentalmente este último, para acompañar a los dos delanteros. No se debe entregar el control de la pelota a los alemanes. Eso se hizo muy bien con los holandeses, pero la selección teutona tiene muchos más variantes, por abajo y por arriba. La trayectoria en el torneo del equipo argentino ha evolucionado positivamente de menor a mayor. Alejandro Sabella ha logrado conformar un excelente grupo, que como dice el gran capitán Javier Mascherano: “En el grupo siempre estuvo primero el nosotros que el yo”. El periodista Walter Vargas ha definido con precisión la filosofía futbolística: “Sabella representa el ala izquierda del bilardismo” Adopta muchas precauciones defensivas que lo llevaron a conformar una línea de cinco jugadores en el debut con Bosnia. Terminado el primer tiempo, Sabella reconoció el muy mal primer tiempo y aceptó las sugerencias del grupo de los calificados cuatro fantásticos: Messi-Di María- Higuain- Agüero de los cuales sólo jugaron en esos primeros 45 minutos los dos primeros, entrando en el segundo Gago y Agüero. El equipo mejoró. En los dos partidos siguientes el esquema táctico fue un 4-3-3. Se podía observar un equipo con insinuaciones de mucho potencial ofensivo pero muy desequilibrado en el medio campo, con poco quite, lo que afectaba significativamente el funcionamiento de la línea de cuatro del fondo.

Superada la primera etapa, los cambios a efectuar estaban claros. Demicheli por Fernández que con voz de mando mejoró considerablemente la solidez defensiva donde aumentaron su rendimiento muy especialmente Garay y en menor nivel Zabaleta. El que fue una verdadera revelación durante todo el campeonato fue el marcador izquierdo Rojo, con solvencia defensiva y buenas proyecciones, lo mismo que las muy buenas actuaciones del arquero Romero, otro mérito del director técnico. En el medio campo, el reemplazo de Gago por Biglia le dio la capacidad de quite que faltaba, constituyéndose en rueda de auxilio de Mascherano cuyo rendimiento aumentó varios puntos. Pero en el futbol siempre es dable padecer el síndrome de la frazada corta. Lo que se ganó en el medio y atrás se perdió en punch ofensivo. Messi bajó su rendimiento al perder a sus socios principales, Agüero de muy bajo rendimiento igual que Gago y luego la lesión de Di María, muy bien reemplazado por Enzo Pérez con un gran desparpajo para jugar, pero de otras características que el notable “Fideo” rosarino que juega en el Real de Madrid.

Lo cierto es que por cambios correctos y lesiones desafortunadas, se fue conformando un equipo mucho más cercano al verdadero gusto de Sabella que al de Messi. Eso explica en mi opinión el crecimiento superlativo de Mascherano y la disminución de rendimiento del considerado mejor jugador del mundo.

Como equipo Argentina llega esta instancia final equilibrado. Se debe compensar la disminución del poder ofensivo con proyecciones de volantes y marcadores de puntas pero practicando los relevos necesarios que evite dejar espacios vacíos.

Se puede. No es fácil, pero se puede. Si Messi retorna al nivel de los últimos años del Barcelona, la Copa se acerca para que la levanten Leonel y Javier.

Y una última consideración sobre Alejandra Sabella: se dijo que es el ala izquierda del bilardismo.

A diferencia del mentor de esta corriente no cree que se deba ganar de cualquier manera, incurriendo en trampas extra futbolísticas. O llevando a la exageración de debatirse en el falso axioma de ser primero o de lo contrario un fracasado. Eso marca una diferencia fundamental.

Por último una curiosidad. Este equipo cuenta entre sus titulares con ocho de los once jugadores que en los juegos olímpicos de Pekín del 2008, que ganaron, derrotron a Brasil 3 a 0. La selección argentina formó:

Sergio Romero; Pablo Zabaleta, Nicolás Pareja, Ezequiel Garay y Luciano Monzón; Javier Mascherano y Fernando Gago; Juan Román Riquelme (capitán, 44 min. ST, José Sosa) y Ángel Di María; Lionel Messi y Sergio Agüero. D.T.: Sergio Batista.

DESPUÉS DEL PARTIDO CON ALEMANIA

Argentina jugó un buen partido, cediéndole la pelota a los alemanes en el primer tiempo, a diferencia que contra Holanda donde mantuvo el control del juego, y emparejando el dominio en lapsos prolongados en el segundo tiempo. En los 120 minutos se tuvo más situaciones de gol que quién dispuso de mayor dominio territorial. Lavezzi jugó su mejor partido, aunque sólo estuvo en la cancha en el primer tiempo. Higuaín no levantó su nivel, Agüero siguió en su intrascendencia que lo acompañó en todos los partidos, acrecentado por una indolencia llamativa.

Messi no retornó al nivel de sus mejores años en el Barcelona y su desaparición en períodos prolongados del partido no fue compensada con el protagonismo de varias de las jugadas brillantes que engarzó durante este y otros partidos del tramo final. Una actitud criticable de Messi es cierta sensación de molestia que exterioriza cuando no está cómodo que lo lleva a ser un espectador privilegiado de la salida del equipo contrario, sin intentar, a dos o tres pasos del defensor alemán obstaculizar su salida, o regresar rápidamente de posiciones en que quedó en off-side.

Un aspecto realmente positivo es el rechazo de los aspectos descalificadores del filosofía bilardista a la que suscribe con significativas variantes Sabella, al considerar que un segundo puesto es honroso y es poco edificante bajar el discurso que lo único que vale es ganar de cualquier manera. El fútbol es importante pero triunfar con recursos extrafutbolísticos que van desde recursos verbales deleznables o el alfiler como jugador como lo hacía Bilardo o un famoso bidón de agua con algún agregado que afectó la capacidad de desplazamiento de un jugador brasileño, o tener por el adversario la menor consideración como director técnico.

Esto no significa ignorar el reconocimiento de avances tácticos que el bilardismo aportó a lo largo de sus 8 años al frente de las selecciones nacionales.

El 13 de julio el fantasma del negro Jefe no jugó finalmente al lado de Mascherano. Y tal vez por eso no enmudeció el Maracaná como hace 64 años. Y finalmente, más allá de los méritos de equipo argentino, es justicia que haya triunfado la selección de Alemania. Que juega en forma muy diferente a anteriores selecciones de ese país. Hay una estructura de equipo sólida como ha sido tradicional pero un manejo de pelota y de toques en el espejo de Barcelona. Con jugadores talentosos y polifuncionales. Mientras que Alemania se mira en el espejo del mejor Brasil, éste decidió renunciar a su mejor tradición histórica con un plantel de una llamativa mediocridad

Finalmente, somos el digno subcampeón de un merecido campeón.

Y sólo tendremos posibilidades para el próximo mundial en Rusia, si a la base actual se le incorporan nuevos jugadores talentosos como se hizo durante el brillante ciclo de Pekerman- Tocalli en la conducción de los juveniles, del cual el actual plantel es tributario.

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